Otra mirada sobre el aprendizaje de la música

DIARIO: LA GACETA (TUCUMÁN)

FECHA: 02-06-2011

Un comentario editorial del periodista tucumano Roberto Espinosa (La Gaceta) sobre la entrevista anterior.

El canto fue una de las primeras manifestaciones humanas. Surgió tal vez como una necesidad del hombre por expresarse, por comunicar sentimientos, sensaciones. El canto es un vehículo para generar armonía, alegría, bienestar, para calmar la ansiedad, para sosegar la angustia, para mitigar el dolor o las penas. Y si se lo practica en forma colectiva tiene el poder de unir los espíritus tras una melodía.

El 27 de mayo, en la ciudad mexicana de Monterrey, una maestra jardinera evitó que sus alumnos entraran en pánico y resultaran heridos, mientras dos bandas de narcotraficantes se enfrentaban a los tiros fuera de la escuela. Les pidió que hiciesen cuerpo a tierra acostar en el piso, y los hizo cantar al unísono: “Si las gotas fueran de chocolate, me gustaría estar ahí”. El video, que fue difundido en el portal de videos YouTube, fue filmado por la misma educadora con su teléfono móvil. Uno de los padres de los alumnos subió la filmación a internet para mostrar el acto heroico de la docente que fue condecorada. Con el canto logró que los niños vivieran la situación como un juego.

La semana pasada, Violeta Hemsy de Gainza, destacada pedagoga musical tucumana, presentó su Cancionero que se distribuyó entre 600 maestros, y reflexionó ente nuestro diario sobre aspectos de la enseñanza del canto. La especialista, que también fue homenajeada por la Universidad Nacional de Tucumán por ser la primera egresada del Instituto Superior de Música, dijo que en la actualidad, la gente no canta, habla. En su opinión, la globalización nos ha llevado a perder el entrenamiento del canto. Muchas madres, en lugar de cantarles a sus bebés, les ponen un CD o el MP4, que no es lo mismo.

En su libro La iniciación musical del niño, Hemsy de Gainza afirma que la canción infantil es el alimento musical más importante que recibe el niño porque a través de ella establece un contacto directo con los elementos básicos: melodía y ritmo. “El canto sostiene a la persona, lo mismo que el entorno, porque tiene estructuras, tiene lugares donde es fácil reclinarse y lugares que son como hacer un viaje. El canto es una función para la que estamos preparados. Tenemos cerebro para el canto y para el habla… La música que el niño ha escuchado en la etapa prenatal la tiene adentro, es un archivo, pero si no lo entrenás se pierde”, dijo la pedagoga.

Hemsy de Gainza cuestionó que se siguiera enseñando la música a partir de la teoría. “Primero es el juego con el elemento y después podés ponerte en doctor, pero no a la inversa. La teoría antes de la práctica no funciona ni para el arte ni para la ciencia. La música es un discurso que tiene sentido, coherencia. El folclorista que toca sabe lo que toca, puede enseñar. En cambio si primero te enseñan a solfear, después te enseñan a mover los dedos, a ligar, a picar… Después tocás una pieza y ni te diste cuenta de lo que tocaste porque estás preocupado por bajar el dedo, por leer la nota y no por entender lo que estás diciendo”, le dijo a nuestro diario.

Lo interesante es que en las orquestas barriales de reciente formación en nuestra ciudad, se trabaja con teoría y práctica en forma simultánea, es decir que los chicos van aprendiendo a leer música a medida que tocan melodías conocidas. Ese mismo criterio se aplicó ya a fines de la década de 1980 cuando la asociación Música Esperanza abrió sus talleres musicales en Tafí del Valle y en el Barrio Juan XXIII.

Sería más que positivo si en los programas materno infantiles se estimulara a las madres para que les cantaran a sus bebés y que en cada escuela hubiese un coro. Para ello habría que reformular la enseñanza de la música, de modo de que su aprendizaje se convierta en un hecho vital.

Aprender música es un derecho humano.

ENTREVISTA: ALMUERZO CON… VIOLETA DE GAINZA por Verónica Calderón

Fecha: 09/06/2011

Diario El País (MADRID)

Es pianista, escritora, psicóloga, química, profesora de música y una gran conversadora. La argentina Violeta Hemsy de Gainza tiene 80 años y la energía de cuatro veinteañeras. Si se mete en algo, el asunto va en serio. Ha escrito 40 libros, centenares de artículos y ha enseñado a generaciones de reconocidos músicos argentinos. Ha dado clases a Andrés Calamaro, Fito Páez y una larga lista de compositores e intérpretes. Por su taller, en Buenos Aires, han pasado padres, hijos y hasta nietos. “Fito ya me llevó a su hija [Margarita]”. La cría tiene seis años.
No le gusta perder el tiempo. Es la primera en elegir plato en el restaurante Mythos, de cocina griega. En una semana ha dado una conferencia en Salzburgo y otra en la Escuela de Música Creativa de Madrid. “Aprender música es como aprender un idioma”, explica antes de probar un trozo de pulpo que, de tanta conversación, lleva varios minutos en su tenedor. Es sumamente crítica con la enseñanza de la música -“¡Estamos como en el siglo XIX!”, exclama- y con lo que escucha: “Yo no hago diferencia entre música culta y popular. Me gusta o no me gusta”.

Y si el sonido “no viene de dentro” no le gusta nada. Para la profesora, la música alegra, conmueve, eriza la piel. Si no lo consigue, algo no está bien. “Muchas veces salgo indignada de los conciertos. El público español es demasiado respetuoso. En Madrid y en Barcelona he visto estrellas internacionales muy por debajo de su nivel y la gente todavía les aplaude”, suelta.

Hija de inmigrantes sefardíes turcos, De Gainza habla emocionada de las canciones en francés que su madre solía cantar y ríe cuando menciona que, de niña, utilizaba la música para descargar sus enfados. “Si estaba molesta con mi madre, iba al piano y tocaba algo triste. Luego me sentía culpable por el daño que creía que le estaba haciendo”, cuenta con una sonrisa.

La música, sin embargo, se convirtió en su prioridad años después de ejercer la química. Trabajó al lado del alemán Walter Seelmann-Eggebert, padre del programa nuclear argentino. El país sudamericano tuvo la primera planta nuclear de Latinoamérica y exporta reactores. Un buen trabajo al que le costó renunciar. “Pero la música pudo más”, recuerda.

La enseñanza musical “está en crisis en todo el mundo”, afirma. “A nadie se le ocurre enseñar con un pentagrama a un niño, ¿por qué hacerlo con un adulto? La música está en todos lados: en los iPod, los mp3, en la banda que forma cualquier grupo de niños. Donde no está es en las escuelas”, se lamenta. Menciona que algunos programas, como las Orquestas Juveniles de Venezuela, ganan fama pero no consolidan la enseñanza de la música como una materia tan necesaria como las demás. “Aprender música es un derecho humano. No se necesita para vivir, pero la vida no es la misma sin ella”, comenta.

¿Y qué le gusta escuchar? “Es como con la comida. Hay días que despierto con ganas de escuchar cierta música y la pongo, pero cuando llego a casa no suelo poner nada. También me gusta el silencio”.