“Uno no deja de vivir porque le falte la música, pero sin ella la calidad de vida no es igual”

gaceta_dibujo2Diario La Gaceta. San Miguel de Tucumán, Tucumán, Argentina. 03/02/2008

Violeta Hemsy de Gainza fue maestra de artistas y es una pedagoga musical reconocida en universidades de todo el mundo.

La música es su casa; la enseñanza, su pasión. Violeta Hemsy de Gainza ha dedicado innumerables horas de su vida a la enseñanza de la música, y es extremadamente crítica cuando habla de los planes educativos (o de la falta de ellos) para impartir las disciplinas artísticas en las escuelas y en las universidades.
“Nadie se muere de musiquitis. Uno no deja de vivir porque le falta la música, pero sin ella la calidad de vida no es la misma”, afirma esta tucumana que, recibida de profesora de Química y de licenciada en Música (con especialización en piano) en la Universidad Nacional de Tucumán, se especializó en educación musical en el Teacher’s College de la Universidad de Columbia (Estados Unidos). Es, además, psicóloga social y realizó estudios de Eutonía con Gerda Alexander en Francia (1976) y en Kopenhagen, Dinamarca (1982 y 1983).
Violeta Hemsy ha volcado su enorme experiencia en la enseñanza (ha sido maestra de grandes artistas) y en su vasta obra escrita, con más de 40 títulos que abarcan pedagogía general de la música, didáctica del piano, de la guitarra, de conjuntos vocales infantiles y juveniles, improvisación musical, musicoterapia, entre otras cosas. Fue presidenta del Foro Latinoamericano de Educación Musical (Fladem) desde su fundación, en 1995, hasta 2005, y actualmente es presidenta honoraria de esa institución.


– ¿Por qué es necesario incorporar la enseñanza de la música en el sistema educativo?

– La música es un invento fenomenal del hombre, tanto como el lenguaje o como las matemáticas; es además un alimento irremplazable para toda persona, sea del ámbito que fuere. Por eso es una obligación de la escuela enseñar a los chicos este lenguaje, que puede llegar a expresar más que las palabras.

– ¿Tiene una función social?

– La música es un “objeto bueno, bello y verdadero”. Por ser bueno está relacionado con la ética, por ser bello, con la estética Su carácter de verdadero lo conecta con la filosofía, porque no sólo mueve el cuerpo, sino el espíritu. Tiene distintas dimensiones, no sólo la estética; antes que arte, la música es energía, por eso puede servir como terapia. Además, la música siempre puede ser una herramienta al servicio de la defensa de los derechos y de la inclusión social.

– ¿Cualquiera puede aprender a entender o a ejecutar música?

– No hay nadie indiferente a la música y cualquiera puede aprender. Nuestro cerebro, nuestra psicología y nuestra fisiología están preparados para hablar, para caminar… y para hacer música. De hecho, hay zonas del cerebro que pueden ser desarrolladas a partir del aprendizaje de este lenguaje. Los que enseñamos música operamos con los sonidos como los matemáticos con los números.

– ¿Hay una crisis de la enseñanza musical en las escuelas?

– Es una crisis mundial. En todos lados se habla de sacar Música de los planes de estudios de las escuelas, producto de años de darle prioridad a las ciencias y a la tecnología. El movimiento pedagógico del siglo XX fue revolucionario, influyó en los niveles iniciales, pero no en los secundarios, que son un desastre. Hoy, a ninguna maestra de jardín de infantes se le ocurre enseñar música por notas. Lo hace como puede, pero enseña, y algunas veces surgen experiencias fantásticas. En la secundaria, en cambio, esto fue decreciendo.

– ¿Debería estar desarrollada desde los primeros niveles de enseñanza?

– La educación musical es fundamental en la primera infancia, en las etapas fundacionales de la vida. Pero también son importantes las etapas superiores, porque allí se forma la gente que luego va a trabajar en todos los niveles, formando a su vez a otros artistas.

– ¿Falta un reconocimiento al papel del arte en la vida cotidiana?

– Con el arte hay una situación siempre ambivalente. Todos admiten que es fundamental, nadie lo niega. Pero no se lo tiene en cuenta cuando se diseñan políticas. Es una problemática que en el mundo latino no se resuelve. Ocurre en Latinoamérica, en Francia, en Italia y en España. La diferencia entre nuestros países latinoamericanos y los conservatorios y universidades de Europa es que ellos tienen edificios impresionantes, auditorios como para montar óperas, pero la enseñanza igualmente es un desastre. Entonces, se ve que no es sólo una cuestión de recursos económicos ni es culpa de los maestros, sino que hay que mejorar el sistema.

– ¿Cómo explica esta falta de apuesta a la enseñanza de ese lenguaje universal?

– El arte no es una prioridad para el modelo político. Está descuidado en las universidades, en las escuelas y en los conservatorios. Es en los bordes del sistema, afuera de las instituciones oficiales, donde se practican las artes con más seriedad. Desde los años 90 venimos, desde distintos ámbitos, alertando acerca de ese problema, y no somos escuchados por nadie.

– Cuando habla del modelo político… ¿a qué se refiere?

– A que, desde los años 90, sólo se le da importancia a lo que es rentable. Colonizados por el neoliberalismo, cedimos. Pero eso que consumimos no trajo recompensas, sino problemas. En materia educativa esa lógica se convirtió en un modelo único, centrado en inventar palabras, en ponerle otro nombre a lo que siempre se supo lo que era. Se dice “contenidos procedimentales” o “contenidos actitudinales” en vez de hablar de lo que se hace y de cómo se lo hace. Con estos neologismos ya no nos embaucan más. Mientras una elite habla ese nuevo idioma, los maestros están sometidos a que les bajen línea, son consultados cuando todo está hecho.

– ¿Qué hace falta para cambiar esa lógica?

– Es necesario poner en marcha proyectos educativos serios, encabezados por gente que conozca en profundidad el tema. Si en esta época se ve todo en términos de empresa, entonces que se elabore un proyecto que tenga éxito, tal como se hace con un emprendimiento fílmico, arquitectónico o bancario. Hay gente que le enseña música hasta a las piedras, y no son magos, sino gente que conoce mucho sobre el tema. Pero no son ellos los que están en posiciones de poder. Los grandes maestros no son consultados cuando se hacen planes de enseñanza.

– ¿Cuál es la realidad en el ámbito donde se produce arte?

– Incluso dentro del ambiente de los que hacen música la realidad es despareja. Hay, como decía, gente que enseña con el alma, y otra que se conforma con algunos logros desde su escuelita y no ve más allá de eso. En materia de enseñanza musical se le presta atención a la música espectáculo, porque es redituable y es una moda. Toda la polenta, toda la energía, toda la plata, toda la difusión están puestas en el espectáculo.

– ¿Es posible una “revolución pedagógica” en materia de enseñanza musical?

– La única revolución pedagógica posible es que hagamos bien las cosas. No hay misterio en ello: el saber está al alcance de cualquiera, lo que falta es hacer; que se elabore un proyecto y que se elija a la gente idónea para que integre un equipo. No alcanza con convocar a una personalidad con un gran currículum, que aunque tenga buenas intenciones es chupada por el sistema. Hay que implementar la enseñanza de manera que coincida con las necesidades de los estudiantes, sean primarios, secundarios o universitarios.

– Usted hizo una recopilación de música popular tucumana en un cancionero que aún no se publicó…

– Si, “Tucumán canta para todos” fue presentado por la Casa de Tucumán en la Feria del Libro hace varios meses, pero aún no se publicó. Es un panorama del patrimonio popular musical de la provincia. En el que no podía faltar una baguala en la apertura y otra en el cierre, las creaciones de Atahualpa Yupanqui -que, aunque no era tucumano, le cantó a la provincia- las recopilaciones de Leda Valladares, las composiciones del “Pato” Gentilini, del Chivo Valladares, de Pepe Núñez o de Juan Falú. También están incluidos algunos autores más jóvenes, como “Popi” Quintero o “Coqui” Sosa. Es un libro vivo, destinado a los niños y a las escuelas primarias. Tiene la intención de compartir la música de nuestra provincia y cumplir con lo que Tucumán le debe a la música de su tierra.

Violeta Hemsy de Gainza

Profesión: pedagoga musical de trayectoria internacional; fue presidenta del FLADEM, Foro Latinoamericano de Educación Musical hasta 2005. Ha escrito más de 40 libros, la mayoría, dedicados a la enseñanza de la música, otros, a musicoterapia y a eutonía.
Reconocimientos: ha recibido, entre otras distinciones, la Medalla de Oro de la Peña El Cardón (1987) y el Diploma al Mérito de la Fundación Konex (1989).
Trayectoria: fue profesora titular de las cátedras de Didáctica Musical y Técnicas de Improvisación en la Universidad de La Plata, en el Conservatorio Nacional “Carlos López Buchardo” y en el conservatorio municipal “Manuel de Falla” de Buenos Aires. Invitada por entidades como la OEA, UNESCO, International Society for Music Education, gobiernos de Francia, de Alemania, de España , de Cuba, entre otros, fue jurado, profesora y conferencista en universidades, conservatorios y centros artísticos de países americanos y europeos. Fue maestra de reconocidos músicos, como Andrés Calamaro y Fito Páez.

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