Sentido Común y Educación Musical

promusicabigPublicado en el Anuario 2007 de PRO Música, conjunto Pro Música de Rosario.

Por Violeta Hemsy de Gainza.

“…efectivamente, la naturaleza dotando al hombre de esa extraordinaria facultad de imitación, ha querido que aprenda a hablar antes de conocer la gramática; aprenda a pensar antes de conocer la lógica; aprenda a cantar antes de conocer la música; en fin, lo aprenda todo antes de sospechar siquiera que hay reglas para aprenderlo”
“…Mi discípulo sabrá tocar el piano antes de conocer una nota, del mismo modo exactamente como ha sabido hablar antes de conocer una letra, es decir dándole ejemplo antes de darle reglas.” …”Las primeras lecciones de piano no serán probablemente ni penosas escalas, ni ejercicios cansados, …”

(Cita de Alberdi –fragmentos de su “Ensayo de un método nuevo para aprender a tocar el piano con la mayor facilidad”, de 1832- en el libro de Pola Suárez Urtubey titulado “Juan Bautista Alberdi. Teoría y praxis de la música”, editado por la Secretaría de Cultura de la Nación en 2006, Colección La Biblioteca de Música III).

A través de las épocas, reconocidos filósofos, literatos, poetas, artistas, científicos y pensadores se han referido con elocuencia al poder universal de la música, a su extraordinario valor cultural, a la trascendencia individual y social de las expresiones musicales y sonoras. El gran pianista y director argentino-israelí Daniel Barenboim, señalaba recientemente, en una de las magníficas clases magistrales que la televisión difunde en estos días, que “la música es incomparable, e irreemplazable, como integradora del conocimiento y la experiencia humanas”

Sin embargo, desde hace alrededor de dos décadas, la educación musical en el mundo latino se encuentra en crisis, atravesando una verdadera encrucijada. He aquí algunos de los interrogantes que sobrevuelan el panorama actual en nuestra actividad:

¿Hasta qué punto es importante la música? ¿Cuál es su valor específico y el rol que desempeña en el conjunto de las asignaturas que integran el bagaje cultural básico que ofrece la escuela?

Si realmente existe consenso social acerca de las bondades y excelencias de la música, ¿cómo explicar los innumerables obstáculos que impiden se ofrezca, de una vez por todas, a los estudiantes que cursan la especialidad en los distintos niveles una formación musical actualizada y de calidad?

Al parecer, las virtudes de la música -el objeto “bueno, bello y verdadero” que, por sus valores éticos, estéticos y filosóficos incansablemente ponderara el gran pedagogo musical belga Edgar Willems (1890-1978), – no son suficientes para destrabar el largo estancamiento que afecta a la educación musical? ¿Cómo habría que proceder entonces para que maestros y alumnos pudieran gozar plenamente de la música, cantando, tocando instrumentos, bailando, escuchando, creando, experimentando, compartiendo?

Entre los motivos que con frecuencia se mencionan como origen de la crisis que nos preocupa están: 1) la deficiente preparación y la falta de iniciativa de los profesores, 2) la cada vez más escasa motivación de los alumnos.

No es extraño que la sociedad se haya habituado a desviar las responsabilidades básicas que, en este sentido, le corresponden al Estado. Si éste asumiera las funciones que le conciernen, seguramente los docentes tendrían mayores posibilidades de conectarse con su propio mundo sonoro interno y desde allí establecer un puente hacia las necesidades musicales de sus alumnos. ¡Por cierto, no se trata simplemente de cambiar unas palabras por otras, como muchos creen! Es preciso analizar el problema en su totalidad, cuestionando y repensando tanto las metas como las acciones educativas y enfocando al mismo tiempo con seriedad la capacitación musical y pedagógica de los profesores.

En lugar de seguir cometiendo los mismos errores, investigando sobre modelos y problemáticas ajenas –conducta pedagógica tan en boga en la actualidad-, es urgente que maestros y profesores apliquen sus energías a musicalizar a la población, con el fervor y la idoneidad con que, en circunstancias igualmente críticas en nuestra América Latina, otros maestros se dedicaran a alfabetizar. Y se atrevan a abordar la música de manera directa, con la naturalidad con que los padres aprenden día a día a criar a sus hijos y prepararlos para enfrentar la vida: con sencillez y sentido común, brindándoles siempre las explicaciones más adecuadas a su nivel de desarrollo.

Actualmente aparecen en los medios una cantidad de artículos de difusión científica que explican las capacidades innatas que el cerebro humano tiene para apropiarse del lenguaje musical, en todas sus formas y expresiones, tal como lo corroboran las modernas neurociencias. No obstante, el tiempo pasa y no se habilitan las vías adecuadas para que dichas potencialidades puedan concretarse a través de la educación. Por ese motivo y al margen de cualquier argumento de carácter cognoscitivo, dado el punto muerto en que se encuentra la educación musical en pleno siglo XXI, pensamos que lo urgente en estas circunstancias sería fomentar en cada maestro la reflexión y la autonomía personal a través del viejo y sabio ejercicio del sentido común, que permite a los seres humanos integrar todo lo vivido -lo actuado, lo sentido, lo pensado, lo compartido- para poder continuar viviendo, actuando, sintiendo y compartiendo mejor.

La generalización de la experiencia musical, en tanto derecho humano, debería erigirse en el objetivo primordial de todo proyecto educativo en el mundo de hoy. Si las instituciones de enseñanza musical superior no se deciden a revisar a fondo sus fundamentos, sus materiales y sus técnicas de enseñanza, será difícil sino imposible democratizar la educación musical y extenderla a todo el mundo. Cuando la enseñanza musical es inadecuada –mediocre o, simplemente, obsoleta- está comprobado que sólo seguirán estudiando -aparte de los musicalmente más dotados, o entrenados- los que sean capaces de “resistir” el embate de una experiencia pedagógica negativa sin resultar lacerados, afectados en su esencia, como es el caso de las personas más sensibles, entre ellas una buena parte de los potenciales artistas y músicos.

“Así como desde la práctica se aprende a jugar al fútbol, a hablar una lengua extranjera, a rasguear la guitarra, a manejar una cámara o un teléfono móvil o a navegar por internet, es natural inducir que “a tocar el piano se aprende tocando”. Cualquier persona debería tener la posibilidad de incorporarse al mundo de la música y de los instrumentos, del mismo modo que hoy se abordan, en la etapa inicial un número cada vez mayor de aprendizajes. El juego del piano, el aspecto deportivo de la ejecución, es tan importante como la música misma que se ejecuta. En realidad, ambos aspectos se encuentran íntimamente relacionados: el alumno que conoce cierta música, porque ha visto tocar a otros porque está habituado a escuchar, se sentirá especialmente estimulado para aprender a jugar el juego”.

(Del Apéndice del libro “Piano Joven (Piezas originales compuestas por niños y adolescentes para enseñar y aprender por lectura o sobre el teclado)” de Violeta Hemsy de Gainza, Dinsic, Barcelona 2006)

El piano, instrumento didáctico por excelencia, sigue enseñándose –así como otros instrumentos- más o menos igual que hace cien años, de maneras sólo accesibles a una minoría del estudiantado. Por regla general, la teoría musical orientada básicamente al aprendizaje de la lectura y de la técnica instrumental antecede a la práctica. Es decir, se procede en el orden inverso al que se aplica hoy en la enseñanza de cualquiera de las disciplinas básicas del currículo escolar (lengua, matemáticas, ciencias sociales, ciencias naturales, lenguas extranjeras, etc.). ¿Cómo podría la música, enseñada de ese modo, competir con las demás asignaturas?

En la formación musical que ofrecen buena parte de los conservatorios y escuelas de música, la adquisición de conocimientos y el entrenamiento teórico y técnico es lo que fundamentalmente marca, de un modo a menudo asfixiante, el enfoque o el estilo pedagógico durante las primeras etapas en el abordaje del instrumento. La inversión o alteración de la secuencia tradicional, es juzgada por la academia como dedicarse simplemente a “jugar”, en su acepción más antigua y decadente, o sea perder el tiempo. Es inconcebible que una mínima cantidad de condiciones naturales, respaldadas por el sentido común, puedan ser hoy consideradas marginales, no serias profesionalmente hablando, por la enseñanza académica vigente y mayoritaria en los países latinos de América y de Europa.

De acuerdo con nuestra experiencia, el aprendizaje en la formación instrumental debería responder básicamente a las siguientes condiciones o características:

  • El “modelo artístico” en la educación musical se apoya en el hacer. A través de la ejecución instrumental, el alumno aprende música y a la vez adquiere los conocimientos básicos relativos al lenguaje sonoro.
  • Abordando el teclado en forma directa, sin temores ni prejuicios, el alumno construye una relación positiva, de confianza con el instrumento, que le permitirá asimilar con facilidad las distintas experiencias musicales que se le presentan.
  • A través de un enfoque creativo y consciente, sin prematuras restricciones de carácter teórico o técnico, el niño se inicia en la ejecución vocal e instrumental, mientras juega, se expresa creativamente y desarrolla un amplio repertorio de habilidades.
  • Los dedos tocan, el oído escucha y aprende, la mente relaciona –compara lo que se hace con lo que suena- y extrae valiosas e importantes conclusiones. El oído, aparentemente pasivo pero sensible y atento, se limitará a acompañar la acción durante las primeras etapas en el proceso de musicalización a través del instrumento.
  • Paralelamente, de manera sistemática y graduada, el alumno se familiariza con los elementos y estructuras del lenguaje musical y con los respectivos códigos gráficos. A semejanza de lo que le sucede con el lenguaje hablado, los números o la informática, aprenderá –convenientemente guiado- a relacionar sus ejecuciones en el instrumento con la correspondiente notación musical.
  • El conjunto de experiencias musicales básicas que el estudiante desarrolla en esta etapa sobre el teclado, comporta una formación integral que le permitirá abordar posteriormente sin esfuerzo las tareas más complejas o sutiles que, desde el punto de vista corporal e intelectual, suponen los estudios musicales más avanzados

¿Por qué motivo esta serie de obviedades ha llegado a convertirse hoy en un hito inalcanzable para el logro de una educación musical para todos, con un sentido amplio y democrático? Es en este punto donde corresponde señalar la responsabilidad y el efecto retrógrado ejercido por el neoliberalismo educativo en todos los niveles de la enseñanza: los falsos cambios que el sistema pregona en todas partes, una verdadera cortina de humo con que los educadores musicales vienen siendo sistemáticamente neutralizados en su pensamiento y su acción y, lo que es más grave, seriamente limitados en sus potencialidades pedagógicas. Podríamos citar, de paso, la profusión de neologismos que acompañan las ya clásicas transformaciones educativas neoliberales que se suceden a partir de los 80’s, los cuales no significan ni aportan nada nuevo (los reiterados “polisílabos”: procedimentales, actitudinales, significativos, etc.), así como algunas barrocas expresiones que, a manera de palabras compuestas (aprendizajes-en-situación), ingresan más recientemente en la escena educativa para reemplazar términos precisos y genuinos de nuestra lengua, simplemente como una forma más de eludir la siempre sospechosa, subversiva, palabra “realidad”.

“La crisis de la enseñanza coincide universalmente con una crisis política”…“El problema de la enseñanza no puede ser bien comprendido al no ser considerado como un problema económico y como un problema social. El error de muchos reformadores ha residido en su método abstractamente idealista, en su doctrina exclusivamente pedagógica. Sus proyectos han ignorado el íntimo engranaje que hay entre la economía y la enseñanza y han pretendido modificar ésta sin conocer las leyes de aquélla. Por ende, no han acertado a reformar nada sino en la medida que las leyes económicas y sociales les ha consentido”

(José Carlos Mariátegui: “Temas de educación”, Empresa Editora Amauta, Perú, Lima, 2003, pags 38 y 39)

Buenos Aires, Setiembre de 2007

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