Del cielo y de la tierra

delcieloCuentos para contar con música.

Autores: S. Alemany -Violeta de Gainza- Irma G. de Wells.

Editorial: Guadalupe

Cada vez es más frecuente entre nosotros la utilización de los llamados “cuentos musicales” en la enseñanza de la música a los niños pequeños. A pesar de las reticencias que aún albergan con respecto a los mismos algunos educadores experimentados, toda duda parece desvanecerse cuando nos remitimos al niño y observamos con cuánta alegría e interés recibe y dramatiza los relatos que incluyen música y movimiento.

Si el niño ama el cuento, y a la vez ama la música, la validez de una síntesis equilibrada de ambas “experiencias” es incuestionable. Más aún: si la música constituye un lenguaje casi tan genuino como el lenguaje verbal en el niño pequeño, uno puede llegar a preguntarse por qué no tienen música todos los cuentos. La observación nos muestra, sin embargo, que en general los cuentos comunes poseen una parte sonora potencial o implícita que todo buen cuentista sabe percibir y desentrañar, traduciendo en una variedad de manifestaciones sonoras -onomatopeyas, juegos vocales, tarareos, ritmos diversos, golpeteos- que alegran y vivifican el relato.
Música y movimiento podrían llegar pues a constituir un aspecto esencial, inseparable del relato para niños, siempre que estuvieran profundamente integrados con el tema literario. De hecho caerían fuera de estas consideraciones aquellos cuentos musicales que carecen de una verdadera trama literaria, por ser ésta un mero pretexto para hilvanar una serie más o menos arbitraria de canciones y movimientos.

En un buen cuento musical puede el lector aspirar a encontrar tanto buena literatura como buena música, cuyos respectivos valores intrínsecos sean independientes del hecho de encontrarse circunstancialmente vinculados entre sí. En otras palabras: un cuento musical debe poder leerse prescindiendo de la música, y la música debe poder ejecutarse fuera del cuento sin perder por ello calidad ni validez.
Cuando esta nueva unidad -cuento musical se logra, el niño resulta literalmente atrapado por el clima del relato y se transforma así en el principal intérprete -actor, bailarín, músico- con lo cual concreta o materializa una participación que, en la mayoría de los cuentos que el niño escucha suele permanecer latente o a nivel anímico.
El cuento musical se aplica principalmente al jardín de infantes y a los primeros grados de la escuela primaria, ya que corresponde a aquella época de la vida del niño en que tiene especial vigencia el relato de ficción como forma de integración de experiencias y conocimientos y a la vez como medio para estimular la sensibilidad de las criaturas.
La maestra o la madre leen o relatan libremente el cuento, cantando o ejecutando en un instrumento-piano, guitarra, flauta- las ilustraciones musicales. Si el relato logra despertar simpatía e interés en los niños, surgirá casi espontáneamente en ellos, estimulados por la música y las imágenes literarias, el deseo de dramatizarlo, como una forma natural de identificación. En sucesivas repeticiones del cuento-generalmente a pedido de los niños- se irán fijando las melodías y canciones que pasarán a enriquecer el repertorio musical del grupo.
No olvidemos que a los niños también les gusta relatar los cuentos que conocen. Démosles pues oportunidad para reconstruir un relato que han escuchado anteriormente. De allí a la dramatización hay apenas un paso: bastará distribuir los personajes, de común acuerdo con los niños, y examinar algunos detalles generales sobre la “puesta en escena”. De esta manera, los niños revivirán el cuento, dialogando según sus propias necesidades sobre la base de una línea argumental conocida.
Esta actividad, que ocurre normalmente en el ámbito del aula, en la clase común, podrá llevarse sin dificultad y, lo que es más importante, sin pérdida de frescura o espontaneidad, al escenario de las fiestas escolares.

A pesar de que los cuentos musicales que incluimos en esta colección están destinados a los niños pequeños, resulta difícil fijar límites precisos de edad. Con niños mayores, podrán usarse como material complementario de lectura -silenciosa, o en voz alta, o escrita -dictados, copias, etc. Al mismo tiempo, las ilustraciones musicales se prestan para ser desarrolladas más acabadamente en su aspecto vocal, instrumental o coreográfico en tas clases de música de los grados superiores de la escuela primaria. Ello dará lugar a una forma de colaboración o trabajo de equipo tan interesante como deseable entre los grados inferiores y superiores en la preparación de los “actos” escolares.

Los cuentos de Susana F. de Alemany y de Irma G de Wells son inspirados e instructivos. Permiten y hasta suscitan deliberadamente el diálogo con el niño sobre distintos temas de la naturaleza y del hombre.
Quiero destacar la índole creativa de estos trabajos, que se proponen constituir más bien estímulos concretos para la imaginación y sensibilidad infantiles antes que estereotipos para ser repetidos rígida y textualmente por los niños. Poco se ganaría estableciendo cuidadosamente cada una de las acciones y palabras que sugiere la trama del relato. La riqueza del mundo y de la imaginación infantil es tan superior a la de los adultos, que tememos limitar inútilmente esta diversidad con indicaciones precisas.

Los que vivimos rodeados de niños -propios y ajenos -y los vemos actuar, pensar, conducirse, desear, sabemos que la infancia de hoy necesita medios para expresarse por sí misma a través de los múltiples canales que día a día le va descubriendo una enseñanza basada, por fortuna, cada vez más en el conocimiento profundo del ser infantil. Ofrezcamos pues a los niños la oportunidad de sentir y de manifestarse de la manera más sana y armoniosa.

Violeta Hemsy de Gainza

Buenos Aires, setiembre de 1968

1 comment to Del cielo y de la tierra

  • carlos

    Me gustaría saber como conseguir este libro, dónde puedo comprarlo.
    Gracias

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