“La sensibilidad no se puede aprender en los libros”

laisla_1Semanario La Isla de La Palma. La Palma. Canarias. Julio de 1999.
Por Maruchy Martell

Violeta Hemsy De Gainza, pianista y pedagoga de procedencia argentina, conocida a nivel mundial, se le puede leer en sus métodos educativos -pedagógicos. Inmersa en el lenguaje superior de expresión del alma a través de los sentidos: la música, procedente del plano sideral. ¿Será la musicalidad una predisposición genética?

La Isla: ¿Cómo se inició en la música? ¿Por herencia genética o por tendencia ambiental?

VIOLETA HEMSY DE GAINZA: Como cualquier niño de seis años que va a inscribirse al conservatorio, porque lo lleve el papá o la mamá, a mí, en mi caso, me llevó mi mamá. Ella me cantaba mientras cosía, mientras trabajaba o hacía cualquier otra labor del hogar, pero ella no se dedicaba a la música, ni tampoco había estudiado esa faceta.

canariasLa Isla: ¿El artista es sensible necesariamente, innatamente o también tas fieras se pueden amansar musicalmente en el aprendizaje?

V.H.D.G.: En realidad, todo resulta una combinación y una mezcla sumamente compleja de los genes, la educación y el ambiente que tenemos. La sensiblidiad no se puede aprender en los libros ni se transmite dogmáticamente, se transmite con el ejemplo y la convivencia. La prueba es que yo estoy pensando en los hijos de desaparecidos en Argentina, que han sido apropiados por represores. Se ha dado el caso, entre otros casos, de gente que no ha perdido la sensibilidad, de los hijos de guerrilleros criados por sus apropiadores que les habían hecho un lavado de cerebro.
Ahí no funcionaron tanto los genes como funcionó la educación que recibieron de estos sinvergüenzas o desalmados, por llamarlos de alguna manera. Así que con la música resulta sumamente fundamental quién te la está pasando, quién te la da. No considero que la música pueda ser una típica habilidad que se hereda como tal, ni mucho menos. Se heredan disposiciones, gusto por escuchar condiciones generales, pero no se hereda el paquete que se llama la aptitud musical; ésta se construye con experiencia, con estímulo, con entornos.
Por ejemplo, hemos visto una niña de nueve años que recién acaba de empezar a estudiar en la escuela, tocando el clarinete con prestancia y seguridad y yo me di cuenta enseguida antes de preguntarle, que esa niña tenía los músicos en la casa, y así fue. Era la sobrina de un profesor de la Escuela Insular de Música de La Palma; además, tocaba su mamá, su papá y su tío…es decir, que una persona que vive en un ambiente donde hay gente que ama la música o que toque instrumentos es como una niña que vive dentro de una peluquería, después ya no vas a tenerle que enseñar a cortar el pelo.

La Isla: Para Aristóteles los planetas desprendían música celestial. ¿La considera usted de procedencia divina?

V.H.D.G.: Una cosa celestial y la otra es divina. Creer en el espacio no es creer en Dios, son temas que yo no consigo entender.

La Isla: ¿La considera en un plano más elevado, más trascendente, un Gran Arkano?

V.H.D.G.: Evidentemente, para todos los grandes y no tan grandes pensadores de la humanidad, siempre ha resultado un enorme misterio, por los poderes que tiene, por lo que convoca; por lo menos es algo muy especial y sigue suponiendo un misterio qué es lo que mueve en nosotros y de dónde sale y por qué la inventamos.

La Isla: ¿Se dedica a la pedagogía musical exclusivamente o participa orquestando por el ámbito terrenal con esas notas celestiales?

V.H.D.G.: La música, yo siempre digo, que contorma la ventana por donde yo miro y observo el mundo. Resulta algo como tienen los adivinos, es la parte sensible mía la que me permite ver, mirar, entender y tratar de participar por el mundo con todo lo que dice usted. No soy un músico dogmático encerrado en la música, porque yo la percibo como una forma más de conocimiento.

La Isla: Y, con estas premisas, certeras o no; buscamos la conclusión en una pregunta; ¿con quién nos comunicamos en este lenguaje?

V.H.D.G.: Lo usamos para lo que nos hace falta consciente o inconscientemente, pero no te puedo decir con quién nos comunicamos. Lo que sí podemos decir, sin lugar a dudas, es que nos comunicamos, esa resulta una verdad innegable. El bebe y los niños pequeños se comunican bastante. En músico-terapia, por ejemplo, existe un famoso músico terapeuta argentino Rolando Benenzon, que ha escrito muchísimos libros y también hemos publicado algo juntos y él siempre afirma y tiene presente que la música es la primera en acompañar a los seres humanos: y es también la última en acompañarlo. Por ejemplo, aquellos enfermos que se encuentran en tase terminal, cuando ya no tienen conexión con nada, la música nos permite, muestra…que todavía tienen le posibilidad real de conectarse y el recién nacido, antes se creía que tenía que pasar un tiempo para que el bebé se pudiera conectar con los sonidos, se ha demostrado que no es así. Actualmente según las úitimas investigaciones que se han realizado, se sabe, certeramente, que ya recibe las melodías en el vientre materno y cuando nace es capaz de reconocer hasta la voz del padre o de la madre Y las melodías que escuchó y las que no escuchó.

La Isla: El filósofo, músico, dibujante, políglota, escritor, poeta o cualquier otro artista exhibe, desde mi punto subjetivo, lo corpóreo. el sentir y el pensar.

¿Considera que existe afinidad o esencia común en estos lenguajes o formas de expresión?

V.H.D.G.: Sí, la música resulta ideal para lograr la integración del hacer, del sentir como tú expresas; porque cada persona encuentra o extrae de la música lo que precisa. Existen personas que la observan, la focalizan porque la música les produce una indescriptible emoción. A otra gente, que sé yo. A muchos jóvenes les gusta porque ahí encuentran las voces, los timbres. las melodías y las letras que ellos componen mentalmente. Y hay otras personas que usan la música porque les induce a moverse. La sensomotricidad, la afectividad, lo mental y también lo supramental es todo una unidad, es una potencialidad que tiene la música. Los grandes artistas de otras áreas, como los pintores, reconocen que la música tiene algo que la convierte en un arte exclusivamente especial, superior a la pintura, aunque no es así exactamente, sino más grande o diferente.

La Isla: ¿A su vez, armonizan estas formas con el infinito, las esencias o sensibilidad que existe en cada una de estas artes?

V.H.D.G.: Evidentemente, pero no de cualquier manera, en absoluto. Seguramente, las actividades artísticas, cuando resultan profundas, tienen grandes puntos de coincidencia. Así que depende mucho de las propias personas; no por el hecho de hacer o de realizar un arte, uno se convierte o es un artista, al menos así lo creo.
Bueno, resulta obvio y evidente que existe una clase de personas que son artistas en la vida o en su manera de vivir; pero esta clase de cosas se provocan no porque uno esté decidido o predispuesto a que se generen ni mucho menos, si no a que uno las busca de otra forma o manera, en un largo recorrido de sensibilización progresiva o de profundización progresiva.

Una de las grandes de la música clásica

laisla_2Si situarnos en los vértices de un triángulo equilatero (una de las más perfectas figuras), un color, una flor, una mujer; reconoceremos un solo nombre prestigioso; Violeta, una de las grandes de la música clásica. He tenido el placer de conversar con ella, para transmitir una «pequeña parte» que me he permitido extraer de su «gran contenido, dentro de su faceta como musicóloga». Muchos años ha dedicado a mostrar su conocimiento y a comunicarlo, con sus también incluidos cursillos que difunde en diferentes ciudades y países; cuando éstos se precisan. El lenguaje normal, el de las matemáticas y el de la música, quizá este el más simbólico o más abstracto; son las tres formas de comunicación y dispersión que ella conoce. Al niño se le enseñan las bases, los fundamentos generales para que sea capaz más tarde de desarrollar su propia y original creatividad, pues la música es un amplio lenguaje que combinando, variando y permutando, nunca cesa. Mi observación analítica me permitió descubrir en ella a una mujer pausada, de gran sensibilidad, con un sentido progresivo que marca su vida en su situación laboral dejando su huella como pedagoga y pianista. En sus años de madurez, ella realiza un repaso de su vida, pero imagino no en la pasividad, pues su actividad constante le permite seguir avanzando al ritmo de las melodías que no tienen fin, imperecederas como su brillante y longeva carrera.

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