“No existe más que una meta, única y clara, en la educación musical, y consiste en que el niño ame la música. Cuanto más la comprenda, más cerca estará de ella y más la amará. Sólo tendrá derecho a llamarse “educación” musical una enseñanza que sea capaz de contemplar las necesidades inherentes al desarrollo de la personalidad infantil y que se proponga cultivar el cuerpo, la mente y el espíritu del niño a través de la música.”
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